El trayecto Madrid-San Sebastián, se ha convertido para nosotros en este último decenio en una agradable costumbre en época estival, ligada al mundo de los caballos. Un viaje familiar de poco más de tres horas donde, aparte de las conversaciones cotidianas de familia, el tema principal se centra sobre el mundo del pura sangre, y más en concreto sobre las probabilidades de éxito del caballo que va a defender nuestros colores ese fin de semana.
El pasado viernes volvíamos de nuevo a la carretera para iniciar esa misma ruta por tercera vez este verano. La primera a comienzos de temporada había sido todo un éxito con una nueva victoria de “Ranyán” en su hipódromo talismán, volviendo a dejar su huella de ganador un año más. La segunda visita, el pasado mes de julio, nos deparó un buen tercero, y cerrábamos ayer su temporada con el “premio gordo” para disputar el Gran Premio de San Sebastián. “Ranyán” se había ganado por derecho propio estar presente en la carrera más longeva y legendaria de nuestra competición en su 101 edición, y eso para nosotros era sinónimo de orgullo.
El hipódromo de Lasarte es muy especial para nosotros, los muchos viajes realizados hasta aquellas tierras en nuestra historia turfística se habían resuelto casi siempre de una muy forma muy positiva.  A las muchas victorias y colocaciones de “Ranyán” se habían sumado también otras tantas de “Valiant Blue” en su día, y este mismo verano también habíamos podido disfrutar de un maravilloso tercero de “Barbarigo” en todo un Gran premio del Gobierno Vasco.

La suerte en aquel hipódromo, salvo muy contadas ocasiones, nos había sonreído gratamente, y era raro no iniciar el viaje de vuelta sin una sonrisa en nuestra cara y una dosis de orgullo. En esta nueva ocasión, las opciones para “Ranyán” pasaban por el fallo de los dos grandes favoritos de la prueba “Hipodamo de Mileto” y “Tuvalu”, y una pista blanda a nuestro favor. Durante la semana habíamos instado al Dios Azteca de la lluvia, “Tiáloc”, que regara en abundancia las verdes tierras vascas, y parece nuestras peticiones fueron atendidas con complacencia. La pista se encontraba con una medición real de 3.7 y era más que suficiente para, solamente esperar el fallo de los favoritos y tocar la gloria en lo que seguramente sería el último viaje de este gladiador a tierras vascas. Un fantástico día de sol amaneció el sábado para presenciar el último Gran Premio del verano donostiarra, y la ilusión de lograr algo grande se cernía en todos los miembros de nuestra familia. El caballo estaba en plenitud de forma, la pista blanda,  y por tablas estábamos en el trío con esa buena opción de luchar incluso una carrera que pusiera la guinda a toda su vida en competición. Ya estaba decidido, y teníamos claro que si los astros se alineaban para que el viejo ganara el Gran Premio, no habría mejor escenario para su despedida en competición, y el hecho de que pudiera ser su último día, engrandecía aún más el momento.
Llegó la hora de la verdad. Caballos en el poste de los 2.800 metros y largada de la gran prueba. “Ranyán” partió bien y se colocó sin demasiados problemas muy cómodo en posiciones de vanguardia. Primer paso por la cerrada curva de Bugatti sin ningún contratiempo y primer paso por tribuna donde le vimos pasar cuarto por el poste de meta. Avistamos a Borja muy cómodo, con las manos abajo, con un ritmo perfecto y tratando de templar al “viejo” su ansia de galope, y eso nos hizo incrementar aún más el ritmo cardíaco. Todo parecía estar en orden y las opciones seguían intactas hasta que apenas segundos después llegó la segunda curva. Justo en el paso de arena del final de curva, “Ranyán” resbala de atrás, da un traspié y su pie derecho impacta con su caña posterior izquierda. “Borja Fayos” siente y escucha el golpe seco en el mismo momento y sabe que algo ha pasado. Sin tiempo para parar a pensar en lo sucedido enfila la recta de enfrente, pero muy pronto se da cuenta que el caballo ha cambiado su acción súbitamente y le empieza a pedir con su habitual y enérgico braceo. El caballo había pasado de un 10 a un 5 de rendimiento en apenas 20 metros y Borja sabe que algo no va bien, aún quedan más de 1.500 metros y la cosa no pinta nada bien. Trata de aguantar el braceo constante durante toda la recta para no perder posición y confiar que el caballo responda, pero el daño ya está causado y ya solo el enorme corazón y coraje del viejo gladiador le hace que siga galopando, ya sin demasiadas opciones. El resto de la carrera se convierte en un suplicio para caballo, monta y por supuesto también para nosotros que desde la tribuna principal, desconocedores del fatal motivo, no entendemos el cruel desenlace de ver pasar a “Ranyán” último por el poste de meta a muchos cuerpos del ganador.
Sabemos que algo ha pasado y raudos vamos al final del paddock para hablar con prepa y jockey que esperan allí junto al caballo. La cara de Borja es todo un poema, y nos confirma el fatal incidente. Verdadera mala suerte que en ningún caso merecía el caballo en su última actuación donostiarra. Como propietarios, estamos ya vacunados contra todos estos azares del destino e incidentes de carrera que de vez en cuando tienes mala fortuna de vivir, pero una cosa es estar vacunados, y otra muy distinta es estar inmunizado a ello. Tragas saliva y tratas de mantener la cabeza alta, pero no es posible digerir tanta tristeza e impotencia que en ese momento vives en la soledad de un paddock vacío. Fin del Gran Premio y vuelta a casa en un viaje cruelmente diferente a lo que estábamos acostumbrados. 

“Ranyán” viajó de vuelta también en la misma tarde, y hoy ya se encuentra de nuevo en casa, esperaremos a mañana para confirmar el grado de lesión que presenta una vez sea revisado por el equipo veterinario. Por lo que hemos podido observar hoy en un paseo a la mano, todo parece indicar que se trata de un fuerte golpe sin aparente lesión ósea y que con un tratamiento antiinflamatorio y reposo podría recuperar rápidamente. Ojalá todo esto se confirme mañana y podamos continuar con su programa de otoño previsto.

Para terminar, queremos públicamente dar nuestra más sincera enhorabuena a todos los responsables de “Hipodamo de Mileto” (su preparador José Calderón y sus propietarios de la Cuadra Naniná) por su incontestable triunfo ayer en el Gran Premio. Ya venía buscando su oro en sus dos últimas actuaciones, y esta recompensa es más que merecida. De igual forma, también es digno de elogio el buen segundo de “Tuvalu” que por fin recupera valores de antaño y que contamos también con él para los grandes premios de distancia de otoño.
Por lo que a nosotros respecta, trataremos de recuperar nuestra moral y la del viejo “Ranyán” tan pronto como sea posible. Ha sido un mazazo grande y no merecido, y dentro de los pocos ánimos que tenemos en estos momentos, seguiremos confiando en sus opciones para que el lluvioso otoño le devuelva la fortuna que ayer le robó el final del verano.