Definitivamente, no parece que sea este año el más afortunado de nuestra historia, es más, parece que conduce por el camino de ser el más cariacontecido, desafortunado y rancio de la década que llevamos en este mundo del turf.

Ayer, regresábamos al campo de batalla con la confianza plena en nuestro adalid, “Barbarigo”, ante un lote que ansiaba el consuelo de la segunda parte de todo un Gobierno Vasco. Ganar antes de una carrera casi siempre suele venir acompañado de bofetadas de soberbia, y no suele ser aconsejable. Pero sinceramente, teníamos la confianza plena de nuestro preparador en cuanto a su óptima forma y, el lote, aunque siempre difícil en este tipo de pruebas, era muchísimo más accesible que ese Gran Premio que dejamos pasar con melancolía.

Con esa misma confianza actuaron los aficionados donostiarras situando su favoritismo en taquillas, y desde el mismo golpe de cajones, el caballo se fue valiente a desmentir sus últimas actuaciones y regresar a recinto de ganadores. Partió perfecto por cajón 2 y, rápidamente escogió bien Grosgean el terreno exterior de la recta de enfrente para comandar cómodamente la prueba. Acortó en la curva para posicionarse primero y enlazar la larga recta de Lasarte. A los 400 metros veíamos fácil esa victoria, pero cada metro que pasaba a partir de los últimos 200, la acción de la dupla “Barbarigo-Grosjean” perdía efectividad. Esta vez, escogió mal el francés el terreno por el medio de la pista con demasiado barro, y vinos como por fuera, el braceo decidido y redondo compás de» Sir Borja Fayos» con “Impressionant” era infinitamente más enérgico que nuestro desacompasado ritmo cansino e indeciso, y en algún momento hasta demasiado confiado. Se nos hicieron eternos y agónicos esos últimos metros que supusieron que no solo la fuerza del mejor jockey de nuestro turf nos pasara finamente, sino que también “Presidency”, bien pegado a los palos de fuera, nos batiera en los últimos trancos. Un bronce en la consolatoria que sabe nuevamente muy agrio y, que es fiel reflejo de un ciclo amargo que no terminamos de dejar atrás. Las cosas siguen sin salir, nuestros caballos siguen sin encontrar los valores de antaño y nuestro único aliado; la perseverancia, carrera tras carrera parece sucumbir al desgaste.

Fin de temporada donostiarra para nosotros con el peor bagaje de toda nuestra historia, y que desgraciadamente también se une a la peor temporada primavera-verano de Madrid. Tiempo de reflexión para nosotros como propietarios y, por ende, también para nuestros preparadores que, como principales responsables de todos nuestros activos, deberán buscar soluciones de cara al próximo otoño.

Terminamos nuestra crónica con mención al Gran Premio Gobierno Vasco 2019. Posiblemente una de las mejores llegadas de este histórico Gran Premio con grandes intérpretes en el escenario. Por un lado, los dos grandes protagonistas; “Oriental” y “Noray”. Dos enormes ejemplares que estuvieron soberbios en su papel protagonista con la fuerza de dos auténticos y portentosos pura sangre. Dos grandes jockeys en el papel secundario como son el valenciano Borja Fayos y el portugués Ricardo Sousa. El primero, simplemente majestuoso. Pura fuerza, confianza y, sobre todo mucha testosterona en su bolsa escrotal. Espeluznante fue ver cómo, con el caballo batido a 30 metros del poste de meta, tuvo el coraje de exigir a su protagonista volver a luchar, y ya sin armas, vencer simplemente por orgullo. El portugués, incansable y decidido a repetir su galardón como mejor actor del pasado año, al que solo un pequeño contratiempo con su estribo le privó de llevarse la mejor ovación desde la platea. Y para terminar el reparto, entre bambalinas, no podemos olvidar a los dos grandes directores de esta obra magna que cobran especial fuerza cuando son capaces de mantener a sus protagonistas en la misma línea año tras año para llegar a los grandes eventos en plenitud. Nuestras mejores felicitaciones y agradecimientos por dejarnos presenciar esta obra cumbre cargada de pasión, delirio y con un apoteósico final.
Chapeau!!! Álvaro Soto y Enrique León.